15.
Fui a llevar libros a uno de esos concursos para libro editado de los que por lo general salgo contenta aunque después no obtenga ni siquiera una mención. Tienen algo de cierre, de tarea finiquitada, dan cierta sensación de pertenencia, no sé…a lo mejor me da alegría de que el Estado reconozca que el arte es un aporte. La cuestión es que delante de mí había una mujer a la que el empleado la disuadió de participar. Se estaba yendo cuando yo le pregunté por qué no se presentaba. Me dijo que su libro estaba como entre el límite entre lo sociológico y lo antropológico aunque para ella con el nuevo enfoque era antropología y el concurso era de antropología. Si te lo admiten, presentate igual. Bueno, al final fuimos a hacer juntas fotocopias y charlamos. Yo le decía que el libro tenía que ser apoyado, que el criterio en esto de lo multidisciplinario estaba en reformulación y que el empleado tendía a disuadir a la gente, que pin que pan. Ella tuvo que volver a hacer más fotocopias y nos separamos. Luego cuando yo salía ella volvía para presentar sus obras me abrazó emocionadísima agradeciéndome que la hubiese estimulado y entonces ocurrió lo que me ocurrió tantas veces pero con un ingrediente nuevo. Ella me dijo: “Decime otra vez tu apellido. ¿Te llamabas Vitrolin?·” Ah, qué maravilla, en la confusión constante que provoca mi apellido he escuchado Vidolin, Vedrin, Pirolin, Ventolín, pero nunca Vitrolín. No cualquiera tiene un apellido mutante, es como ser muchas personas al mismo tiempo.
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16.
Había hecho planes para mañana creyendo
que hoy era jueves, cosas que sólo se
pueden hacer si no es feriado, sábado o domingo. Pero resulta que me había
equivocado. Indicios no faltaron: locutores que en la televisión se deseaban
feliz fin de semana, cierta actitud jolgorienta en los muchachos que suelen
estar en la vereda y que anuncia indeseables ruidos nocturnos. Y esa musiquita
que viene de al lado bastante inoportuna.
No, hoy es viernes y mañana será sábado. Tuve que hacer otros planes. La
dicha de estar en verano y pasarme el tiempo escribiendo me hizo perder la
noción del tiempo, claro que esta noción
no es precisamente uno de mis atributos, debo reconocerlo, ni la temporal ni la
espacial. Mejor no citar ejemplos como aquel picnic que era en Morón y yo me
fui a Moreno o de tomar los micros al revés y aquí paro. Pero al menos hoy tengo el consuelo de
haberme sentido durante unas cuantas horas dichosamente todo un día más joven.
obra de Salvador Dalí
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17.
Con el correr de los años los días de carnaval me han quedado en la memoria. Cuando trabajaba en el banco eran feriados -después dejaron de serlo y ahora otra vez lo son- entonces me iba de viaje y siempre tenía problemas para regresar. Me acuerdo que tendría yo veintiséis años o algo así cuando unos carnavales, se nos dio por irnos con algunas amigas a La Plata. Una siesta tórrida, no sabíamos qué hacer, nos persiguieron con baldes y bombitas, quedamos hechas un estropajo. Nos la pasamos huyendo como delincuentes. Lindos, los carnavales, pero, como decía mi abuela, “carnavales eran los de antes”. ¿Antes cuándo? A los de mi infancia les faltó un disfraz, había serpentinas eso sí y papel picado, la espuma en aerosol vino después. Ahora, anoche, por ejemplo los carnavales se convirtieron para mí un sonido lejano de esa música que sólo suena en las murgas, con algo de espíritu circense, nostalgiosa y pegadiza. Pude imaginarme los trajes de colores con lentejuelas pero tenía mucho sueño y me fui temprano a dormir. No sé, la fanfarria nunca fue lo mío.
Publicado en Facebook en 2014
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18.
Imaginé, anhelé, proyecté, quise que este verano se convirtiera en ese espacio blanco, de libertad y creatividad en el que todo fuera posible. Pero, en fin. Empezando por el tratamiento de mis dientes y sus complicaciones, más el calor, los cortes de luz, uno de mis gatos que no responde a veces a las flores de Bach y cosas por el estilo, la blancura soñada de ha vuelto un poco turbia. Eso es lo malo de los sueños, se empeñan en llevarle la contra a la gente, son como esos cachorritos que no terminan de crecer. Ya lo dijo Lacan, es el camino metonímico del deseo, siempre roza el objeto pero sigue de largo y esa largura va prácticamente al lado de la expansión del Universo.
Publicado en Facebook 6-3-14.........................................................
19.
Yo estaba en la India viajando en un tren con camarote. El hombre me miraba, me miraba largamente desde su lugar frente a mí. Fruncía el ceño, vacilaba, se quedaba pensativo y volvía a espiarme. Al final se atrevió y me dijo que él quería hacerme una pregunta. Me pidió disculpas por adelantado porque eso que le habían contado tal vez no era cierto. Siguió disculpándose hasta que se animó y me hizo la dichosa pregunta: ¿Es verdad que en su país se comen a las vacas? Le contesté que sí con absoluta naturalidad y el hombre se horrorizó. Y vi en sus ojos la misma mirada que tenía mi abuelo cuando veía a un comunista. Los comunistas se comen a los niños, los argentinos, a las vacas. Por lo tanto: el mundo es cruel. (Yo, vegetariana, por supuesto)
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20.
Hoy otra vez durante mi largo viaje al centro en subte, los vagones quedaron varados en la oscuridad del túnel y una voz estridente, una voz fantasmal que no se sabe de dónde venía, dio las explicaciones del caso. Pero antes todos nos miramos un poco aterrados. ¿Otra vez se suicidó alguien? Si era ese el caso tendríamos que salir y enfrentar el embotellamiento de la ciudad profundizado por la falta de subtes. Sin embargo ahora se trataba de algo más leve: una persona descompuesta. De modo que no había que esperar al juez sino al Same. La voz estridente se cayó y todos nos miramos. Estar bajo tierra y que nos hablen de la muerte o de la enfermedad no es divertido. La señora que estaba frente a mí me dijo: "¿Vio? Todo pasa siempre en la misma estación". Era cierto. La gente se enferma allí o la elige para suicidarse. Me acordé de un cuento de Pavese: un prado al que todos van a morir. Hablamos de los suicidios con la señora, la última vez llegué tarde al dentista, mala ocurrencia suicidarse en hora pico, comenté. De pronto el tren empezó a andar de nuevo. Y fue como renacer.
Publicado en Facebook 20-3-14.......................................................
21.
Antes, según creo recordar, el pecado se relacionaba inexorablemente con la juventud. Me tuvieron al trote con advertencias y catecismos. De todos modos me la ingenié perfectamente para escandalizar. Pagué, como corresponde, su precio. Y estuve bien acompañada en la penuria. En la actualidad -no tengo la menor duda- el mayor pecado es envejecer. Y les garantizo que lo estoy pagando, en cómoda cuotas en este tránsito que no deja de tener sus diversiones. Por lo visto llego siempre a tiempo para lo inconveniente.
Publicado en Facebook 25-3-14.......................................................


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