29. 

Ya sabemos que el mundo material es tan denso como la escritura: tiene capas y capas y más capas. Pintar una pared, descoser un antiguo vestido, limpiar un piso, rasquetear la olla donde cocinamos el potaje.  Al tiempo le gusta  rapiñarnos la vida con esta clase de quehaceres. Yo, como ama de casa, dedico tantas horas a mejorar lo que se percude, lo que se gasta, lo que se ensucia, lo que se rompe. Nadie ve todo lo que hago. Cocinar para una persona o para tres demanda la misma cantidad de horas y soy vegetariana… cuánto tiempo me queda para escribir después de sostener la frágil juventud del mundo que me rodea y que envejece a veces más rápido que mi cuerpo. Prefiero no hacer la cuenta por el momento.


obra: Bansky      
                                       Publicado en Facebook   5-3-18

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30. 

Mi conflicto con las palabras comenzó desde el momento en que nací. Me contó mi abuela –entonces hay que tomar con pinzas el relato- que mamá tuvo muchas horas de parto hasta que asomé la cabeza al mundo, muy calcificada y eso me puso la cabeza dura (sic), según parece mi cabeza se deformó (sic) y tenía la cara cubierta de pelos (sic). Mi padre quedó un poco impresionado y lo primero que dijo fue: "Enfermera, dígame la verdad, ¿esta chica es normal?" En mis años de psicoanálisis hubo montones de interpretaciones para la escena y la palabra “normal”. Lo cierto es que mejoré, se siguieron las instrucciones de la enfermera y me recostaron de un lado y del otro y la cabeza tomó su forma debida. Ahora la palabra “normal” sigue bullendo en algún sitio que por lo visto abrió la caja de Pandora donde estaban todas las otras palabras. 




    obra: Aurora Reyes   
                                                       Publicado en Facebook 28-5-18

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31. 

En estos años de pansexualismo, de travestismo y de tantos ismos en las variantes sexuales no puedo menos que recordarme sentada en el pupitre de mi escuela secundaria con el uniforme azul, la pollera tableada, la boina, los guantes, escuchando a la Madre Superiora que nos daba improvisadas clases de sexualidad. Todo se resumía en una pregunta: ¿Es bueno tener relaciones prematrimoniales? La respuesta: ¡No! Y por relaciones prematrimoniales se entendía acostarse con el único primer novio con el que seguro, seguro, seguro te ibas 

a casar. Por lo visto la cuestión se reducía a tener o no apuro para llegar al asunto, como decía mi abuela. Entonces no había urgencias, supongo, ni las del cuerpo ni de las otras, según, claro está, la  simplificada visión de la Madre Superiora. 


Obra; Fernando Botero
                                            Publicado en Facebook 11-6-18

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32. 

A los diez años yo  había aprendido una palabra que ninguna de mis amigas conocía,  se las susurraba en el recreo de la escuela, gozosas, traviesas de compartir un secreto intuyendo una transgresión. Pero una vez   la maestra se enteró, me llamó al orden y me prohibió repetirla. Entonces  supimos que  aquella era una palabra muy importante aunque nadie nos explicara qué significaba. Y en voz baja la repetimos sin cesar a toda hora. A cada rato, nosotras, cuchicheando  lo prohibido. Cuesta creer  hoy en día que se tratara de “menopausia”. Como desde hace unos cuantos años yo  he entrado en esa palabra, sospecho que la maestra estaba al tanto del misterio. A lo mejor quería preservarnos para que no  nos tragaran esos espacios que las palabras abren y que después de haber entrado en ellos no sabemos muy bien cómo salir. 

Obra: Petrona Viera
                                                      Publicado en Faacebook .4-6-14

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33. 

MALAS PELÍCULAS: No hay nada mejor para desentrañar los procedimientos de un relato que ver una película mala. A esta me pareció haberla visto antes, pero no. Esa fue la primera regla, lo nuevo parece gastado, visto antes porque los recursos son trillados. Y después está la música, un  pésimo acompañamiento que es como el tono que falla cuando los y las escritoras apenas escribimos la primera línea. Si no encontramos el tono, no encontramos nada en realidad y las frases que se vayan arrimando no harán más que resbalar en el resbaladizo escenario en que habrá mucho ruido y movimiento pero el cambio será una promesa fantasma. Me reí mucho también, de modo que las malas películas sirven además para oxigenar el cerebro. Ahora, lo que no termino de entender es por qué siempre en esta clase de películas el que  tiene que salvar el mundo es rubio y de ojos claros. ¿Será por eso que gente del hemisferio norte invade los países con gente morocha como yo?

                                              Publicado en Facebook 9-6-14

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34. 

SÁBADO: Venía caminando por la calle a esa hora ambigua en la que no se sabe si es de día o de noche. Las luces encendidas y con el calorcito parejas por todas partes dándose besos. Me acordé de mi abuela. Ella tenía un extenso listado de nombres para los besos: besos franceses, besos como sopapas, besos de arrumacos, besos portentosos. Mi abuela hablaba así, era suculenta para los adjetivos. Una vez le pregunté qué era según ella un beso francés y me miró espantada antes de decirme: Esos en los que un tipo le mete la lengua adentro de la boca a la mujer. Mi abuela era de la época en la que las actrices de cine apenas acercaban su mejilla al varón o al final el beso debía ser imaginado porque la cámara enfocaba una sombrilla o algo por el estilo. Besos al atardecer me trajeron la voz de mi abuela. Una voz única, monumental, que sigue estimulando mi pantagruélica imaginación.

 Mítica pareja en el film "Lo que el viento se llevó"

               Publicado en Facebook 31-8-15

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35. 

Ay esos cuadraditos con publicidad que asaltan el ángulo derecho inferior de mi pantalla de pc. Son invasores del estado de gracia de la escritura, son forúnculos que estropean las imágenes que me brotan cuando me lanzo a escribir… y pareciera que invaden con temáticas establecidas de semana en semana. La de la mujer subida a una escandalosa parva de dinero con la que pretenden que yo también sea millonaria, dieron paso este lunes a la deuna interminable cantidad de cabezas de hombres pelados: quieren venderme un tónico, supongo. Qué le vamos a hacer, este es el mundo moderno, nos invaden con sofisticación. Toda invasión siempre es un poco torpe, un poco incivilizada, primitiva ¿no?





Publicado en Facebook 24 6 19

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